¿Ya es San Valentín?

Ya estamos a 14 de febrero y nos enfrentamos de nuevo a la avalancha de mensajes comerciales vinculados al amor (paradigma de la sociedad de consumo). Y eso que yo aún me estoy recuperando de las navidades, de su edulcorada visión de la familia y también, por qué no decirlo, de una tarde de 25 de diciembre en la que vi, una tras otra, las siguientes películas: Grease, Dirty Dancing, El Club de los Poetas Muertos y El Diario de Bridget Jones. Todo en la televisión y de manera casi encadenada. ¿Se trataba de una conspiración para que las que no tenemos pareja llenásemos las salas de cotillón la noche del 31 en busca de una presa con la que desquitarnos y se desencadenase un baby-boom que solventase el problema del futuro de las pensiones? He visto planes gubernamentales más enrevesados así que no me toméis por loca.
Fuera lo que fuese, pasé unas 6 horas en el sofá comiendo polvorones y bebiendo vino blanco que había sobrado de la cena de Nochebuena y de la comida de Navidad. Fue un experimento muy interesante del que extraje algunas conclusiones/pensamientos/notas mentales que, por lo que sea, he tenido a bien compartir con vosotras.