Ser una sex symbol no mola tanto

Querida juventud despreocupada. Os hablo desde el infierno. Todo es una conspiración y yo soy una víctima. Nunca me he sentido tan fea, desprotegida e insegura.

Sé que mis palabras pueden resultar contradictorias e inverosímiles, pero lo cierto es que ser el centro de atención y admiración de tantas personas ha traspasado las fronteras de mi intimidad. Ahora, cada outfit escogido y cada palabra emitida se convierte en una inmensa decisión. La relevancia dotada por los medios de comunicación a dichos asuntos al principio me arrastró al éxito. Ahora esa fuerza cinética parece no detenerse y se dirige al final de un camino sobre un alto acantilado.

Aun recuerdo la primera vez que me encontré en un listado de gente guapa realizado por una conocida revista. Llamé a todos mis amigos. Mi madre estaba como loca. Llamó a mis tios, a mis abuelas, a las madres de mis compañeras de colegio, al antiguo conserge del edificio…No le quedó nadie. Llevaba siempre la revista encima.  El bolso se le tiñó por dentro de la tinta desgastada del papel couché. ¡Hasta lo publicó en Facebook!

Los medios de comunicación locales no se hicieron esperar. Al final de cada entrevista siempre se encontraba la misma pregunta: ¿Cuál es tu secreto de belleza?

El caso es que después de un tiempo haciendo una oda a la vida sana, beber mucha agua, desmaquillarme cada noche y mantener una dieta equilibrada, me cansé. Empecé a fumar, beber, dejarme ver en lugares de mala reputación y empecé a pasar de todo. Lo irónico del asunto es que mi fama aun aumentó más. Cuantos más escándalos, mayor caché. La cosa se ponía fea.

Una vez que entras en dicha espiral, es muy difícil escapar. Pararlo todo y volver a empezar. Las presiones se acrecientan de la mano de los compromisos, y lo que pensaste que duraría 3 meses ya lleva 3 años.

Y ahora que tengo unas ganas horribles de quedarme en casa en chandal viendo películas antiguas y comiendo chocolate, vendrán las críticas sobre mi aspecto. Otro varapalo a mi autoestima. Cuando estaba bien, me sentía insegura porque nunca era suficiente. Ahora que me alejo de los focos, pasa algo similar. Los mismos que me ponían por las nubes, ahora me llevan al subsuelo del desprecio.

Por no hablar de mis parejas. Siempre juzgando, desconfiando de si es una campaña para ganar popularidad, si él o ella se liaron con el co-protagonista de su última peli o con el fan de turno después del show. Un rollo. El caso es que no mola. Cuando quieres relacionarte con alguien ‘normal’ acaba mal porque nunca cumples las altas expectativas que han depositado en ti. Soy una persona y tengo mis cosas. Como todo el mundo, no?

En fin, que me gustaría volver a ser una más. Quiero ser desconocida. No quiero ser una sex symbol. Hay mucha gente desequilibrada que cree que puede tomarte como un objeto y tirarte una vez se ha cansado.

He llegado al límite de mis fuerzas. Era mucho más feliz cuando sólo me conocían en mi barrio. Envidio a la Chari: dos hijos, un perro, un marido y un amante esporádico. Cada domingo a casa de los suegros y los lunes por la noche tortilla de patata para cenar. Quién lo pillara.