Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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Yo también sucumbí a Tinder

Yo también sucumbí a Tinder

Hace poco estuve comiendo con unas amigas y salió una de las conversaciones más recurrentes que estamos teniendo últimamente, las relaciones virtuales.

Como siempre que surge el tema, había dos bandos enfrentados. De un lado estaban las que creen que eso es sólo una vía para tener sexo fácil y rápido. Del otro, las que se posicionan a favor ya que consideran que, pasada una edad, no queda más remedio que conocer así a una posible pareja, teniendo en cuenta que las salidas y fiestas nocturnas han acabado por ser algo poco habitual y cuando salen pocas ganas o ninguna les quedan de irse con alguien a las 4:00 de la mañana  y en un estado que olvidar al día siguiente.

Esta vez la conversación derivó en una especie de confesionario improvisado. A pesar de que en un momento de su vida no tan lejano le habría dado vergüenza admitirlo, una amiga nos contó que había quedado el próximo fin de semana con un tío que había conocido a través de una página de citas. A ella le insistieron otros amigos para que probara, y después de pensarlo mucho se lanzó, no sin alguna reticencia. No le convencía del todo la idea, pero estaba en una etapa de la vida en la que le apetecía vivir, descubrir y probar.

La verdad es que, a mi aún me llama bastante la atención cómo han cambiado las cosas en lo que a temas amorosos o llámalo X se refiere. Hasta hace dos días lo más normal era conocerse en la calle. Pero parece que la cosa funciona. Así que, después de comer con mis amigas sondeé entre otras que habían conocido a sus parejas o rolletes con aplicaciones para ligar. Todas coincidían en que sea para lo que sea, los nervios de quedar con alguien a quien no conoces te pasan factura. Unas veces sale bien, otras no tanto, pero son experiencias que hacen sentirse vivo a quienes las llevan a cabo.

Finalmente, movida por la curiosidad que casi mató al gato decidí probarlo yo también. Me instalé una aplicación. Parecía algo sencillo: sólo tuve que elegir unas fotos mías y ya estaba lista para descubrir lo que sucedería. Ver fotos pasar y pasar hasta que alguien te llama la atención me resultó un poco frío al principio, pero poco a poco fui hablando con uno y con otro. Eso si el like es mutuo; que de no serlo, ya puedes insistir que nanai.

Y empezaron las quedadas. Unas fueron de hola y adiós, otras acabaron en la cama y las menos (he de reconocerlo) de darme la vuelta sin decir nada y aligerar el paso en dirección opuesta. La verdad es que, aunque a una parte irónica de mi interior le de rabia reconocerlo, al final me pasó como a mi amiga. Una de mis citas resultó ser una maravilla. Aun nos vemos, quién sabe cómo irá, pero tiene gracia que siendo una incrédula del amor cimentado en emoticonos y chats 2.0, me vea aquí animándoos a probarlo. Porque ...y si?

 
Cinco días, cinco citas

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Bebé con B de Bomba

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