Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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Cinco días, cinco citas

Cinco días, cinco citas

Las usuarias de Tinder a veces nos vemos en la situación de tener que ajustar nuestras agendas para quedar con todas las personas con las que hemos estado hablando.

Yo llevaba un tiempo soltera. Un mes atrás había tenido varias citas de intensa carga con un chico francés que visitó la ciudad en sus vacaciones y aún me encontraba un tanto desubicada. Al mismo tiempo, las charlas a través de dicha aplicación habían aumentado casi de manera inconsciente con otras personas y quise dejar las palabras a un lado para pasar a la acción.

Y es que en este mundillo, donde la amplia oferta choca directamente con la calidad del producto, si realmente estás interesada en encontrar a alguien tienes dos opciones: o pierdes el interés, o le quitas algo de magia al asunto.

Cuando ya había cerrado las fechas para tres encuentros, mi primer novio se puso en contacto conmigo. Venía a la ciudad por motivos de trabajo y quería verme una década después de nuestra historia.

Entre unas cosas y otras, de repente me vi abocada a una consecución de citas. Esta fue mi vivencia durante cinco días de duro trabajo.

 

DIA 1 | El uruguayo

Habíamos empezado a hablar hacía un par de semanas. Era una persona reflexiva, con grandes historias sobre sus viajes alrededor del mundo. Mostraba mucho interés en mí y me escribía con más frecuencia que el resto de usuarios de Tinder con los que había intercambiado un match, por lo que decidí conocerle.

La cita fue rápida. Un café y una charla distendida. Hablamos de nuestras vidas y aspiraciones, de su vida y sus preocupaciones. Físicamente, su descripción es de anuncio. Alto, guapo, rubio y de ojos azules (por algo le di un Like). La verdad es que me pareció un chico amable y serio. 

 

DIA 2 | El informático

Al día siguiente tenía la cita con un informático. A pesar de que parecía un tipo normal, cariñoso e incluso ilusionado con nuestra cita, su presencia generaba en mi cierta inquietud. Quizá era su entusiasmo. Me daba pánico verme en una relación seria. Habíamos quedado para tomar un café. Tenía resaca, de modo que no me mostré muy enérgica, pero aun así le escribí para ver a qué hora quedábamos. Al rato me mandó un Whatsapp: lo sentía mucho, pero le había surgido un imprevisto y no podía quedar. Fin de la cita.

 

DIA 3 | El malagueño

El tercer día quedé con un malagueño. Me encantó su descripción de perfil y hablamos durante días. Era amable, joven y atractivo. La cita discurrió tranquila en una cafetería. A pesar de que su acento le hacía más interesante, la magia que podría haber surgido entre nosotros se diluyó entre tanto mensaje de móvil. No quedamos en nada, aunque aún seguimos hablando.

 

DIA 4 | El desaparecido

Esa tarde no había quedado con nadie, aunque no dejaba de acordarme del francés. Días atrás nos habíamos sincerado y habíamos hablado de nuestros sentimientos. Ese chico me había descolocado por completo y me gustaba mucho. La tarde pasó lenta, esperando una llamada que me confirmara si podía ir a verle en un viaje express de fin de semana. No recibí respuesta. ¿Se ha olvidado de mí o nunca fui nada?. A las tres de la mañana recibí un mensaje. Era el chico de la primera cita. Me invitaba a ir a su casa, donde tenía una botella de vino por abrir. Su insistencia ante mi negativa me exasperó, por lo que decidí apagar el móvil.

 

DÍA 5 | El exnovio

Y por qué no volver al mundo real. Al recuerdo de lo que fue a fuego lento, a la magia de la conquista. Por casualidad mi primer novio, que se mudó a vivir a Londres, volvía a la ciudad por negocios. Sólo una noche. Quedé con él en un bar cerca de su hotel. Después de ponernos al día en torno a una copa de vino, me propuso subir a su habitación para no deambular por las calles. Reencontrarme con él fue un viaje a la autenticidad. Cuando las App no existían. Sólo estábamos él y yo. En seguida adoptamos los mismos roles, como si nada hubiera cambiado. Y así volví a rememorar lo que era estar locamente enamorada de alguien, a sentir desde lo más profundo ese amor pasado…Fue increíble pero dejó en mis labios un sabor agridulce y es que me di cuenta de lo difícil que será volver a vivir algo así de nuevo. 

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