Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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Bebé con B de Bomba

Bebé con B de Bomba

En dos meses me caso. Amo a mi “marido”. Es mi marido aunque no tengamos ningún papel firmado al respecto. ¿Porque el papel de la hipoteca no cuenta, no? Tenemos una hija en común así que estamos unidos por el resto de nuestras vidas hagamos lo que hagamos, pase lo que pase. Y que sea por el resto de nuestras vidas porque eso significará que nuestra hija nos sobrevive, que es un deseo común, me atrevo a decir, compartido por todos los padres y madres.

Mi hija es un milagro. Un absoluto milagro. Siempre lo ha sido.

La maternidad me ha cambiado. Es innegable. ¿Me ha hecho mejor? Es probable. Me ha puesto patas arriba y me ha zarandeado haciéndome más fuerte, paciente, resistente, a prueba de miedos… y de vergüenzas. Sacar las tetas al público durante año y medio de lactancia es toda una terapia de choque. Y luego el que ahora soy su modelo, me toca enseñarle y si a las dos nos da vergüenza o miedo lo mismo apaga y vámonos. Estoy venga a relacionarme con gente que no conozco de nada, a pedirles por favor, saludarles, darles las gracias… Venga a hacer amigos en los columpios… (Cuando los piso, que he de decir que no soy de parquear cada tarde. Porque no me gusta. Y porque no tengo la suerte para poder conciliar hasta ese punto. Y porque tengo una perra. Y la vida no me da).

“La maternidad saca lo mejor y lo peor de ti”, me acaba de decir una madre de dos niños. Pues sí. Imborrables, grabados a fuego en la memoria en forma de culpa (por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…) los berridos y los momentos de perder los nervios. Completamente vulnerable. Sin dormir. Con arrugas que han brotado de momentos de puro dolor, de agotamiento. Sin maquillar. Sin pisar un gimnasio en 3 años. Con el cuerpo y el alma cambiados. He envejecido 10 años de golpe. Mi “marido” y yo ya no hablamos de lo mismo, una enana de un metro se mete entre nuestras piernas cuando nos abrazamos, llegamos al final del día agotados y la idea de dormir resulta a veces más sugerente que la de no hacerlo... Nos hemos visto perder los nervios y los papeles. He descubierto el nivel de contaminación acústica del que somos capaces los tres miembros de esta familia.

No sé cómo será con un bebé de ésos que agarran la teta a la primera, que viven tranquilos mirándose las manitas en la cuna, que duermen del tirón a la de nada, que son “más buenooo, sólo come y caga”... La mía era una vocalista del metal en potencia. Pero el bebé que se pasaba una hora en la teta y otra hora con la boca libre para llorar a pleno pulmón quedó en la lejanía. Parece que se le debió soldar por sí sola esa costilla rota o vete a saber qué que le pasaba y le perturbaba la existencia. Hasta el bebé más loco evoluciona hacia una personita mágica, mucho amor mediante. La pequeñaja, con sus cosas, como todos y todas, ahora es un amorcito. Cada día me enamoro más de ella, de los besos mágicos que curan heridas, de los abrazos de monito, de sus parloteos, cánticos y pequeñas locuras.

La maternidad, la paternidad, ha arreado semejante hostia a nuestra relación de pareja que nos ha hecho ir, volver, explorar mundos lejanos… y, sí, ahora sí, casarnos después de casi tres años. Cometemos mil errores, y quién no, pero nos los perdonamos. Luchamos en la misma batalla. La pequeña guerrera nos lo ha puesto difícil pero no ha podido con nosotros. Si no puedes con el enemigo únete a él... y vamos domando a la fiera. Vamos encajando el engranaje. Cualquier día de éstos vuelvo al gimnasio, va...

Admiraba y quería a mi pareja y ahora todavía más, con más profundidad. Le conozco mejor, en las luces y las sombras, y él a mí también. Agradezco su apoyo infinitamente en esta tareaza que es criar y educar a una personita. Le necesito a mi lado. Somos un equipo.

En dos meses me caso. Pero vamos a rebajar expectativas a eso de que es el día más feliz de la vida. Lo tiene difícil para ganar al momentazo de la mía: ése en el que el que ya era mi marido (sin papeles) me sujetaba la mano y me animaba, gritaba conmigo, apoyándome 100%... mientras nacía nuestro milagro. Ése que es de los dos, que nos ha zarandeado... y nos ha hecho más fuertes... como pareja.

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