Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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¿Por qué todas mis parejas son iguales?

¿Por qué todas mis parejas son iguales?

Hay un momento en tu vida en que la epifanía aparece y te das cuenta de que tus parejas tienen razón, te comportas igual que tu madre. Tus ex, por si esto fuera poco, son demasiado parecidos entre sí. ¿Para qué empezar una nueva relación, si ya sabes cómo empieza y cómo acaba? No todo está perdido. Vamos a ayudarte a identificar por qué vives en un estado de deja vu constante. Y es que nuestra manera de estar en pareja depende de nuestras experiencias, desde la infancia y a lo largo de toda la vida con nuestras figuras de apego; es decir, nuestros padres. En dichas vivencias aprendemos a confiar y desconfiar de lo que pueden dar de sí las relaciones,  a intimar o permanecer emocionalmente aislados, a cuidar y ser cuidados o a  no ofrecer ni esperar los cuidados de los demás, según los teóricos del apego.

El apego es el vínculo afectivo más primario. Lo establecen los bebes durante el primer año de vida con la persona que les cuida, con uno o varios cuidadores. Salvo situaciones muy extremas, mantienen el apego hacia estas personas durante toda la vida. Incluso cuando éstas mueren, pueden seguir siendo figuras muy importantes, tanto es así que son las personas que más influyen en la socialización de niñas y niños. De éstas se aprende el lenguaje de la intimidad que precisamente usamos en las relaciones de pareja. Además, a través del apego cubrimos nuestra necesidad de seguridad emocional, lo que incluye aceptación, estima, afecto y cuidados eficaces. Una necesidad tan importante como la del alimento para nuestra correcta subsistencia.

En función de cómo establezca la niña o el niño el vínculo con su cuidador, hablaremos de tres tipos de apego fundamentales. El apego seguro lo desarrollan las y los niños que han aprendido que sus cuidadores (al menos uno de ellos) les son incondicionales. Los quieren, valoran y cuidan eficazmente. Saben que estas figuras están presentes o disponibles siempre que las necesitan. Es así como aprenden a sentirse seguros y queridos, confiar en los demás y saberse valiosos. Aquellos pequeños que no consiguen estar seguros de la incondicionalidad de las figuras de apego, de su disponibilidad o accesibilidad, de su cariño y  de la valoración que hacen de ellos, desarrollan un apego ansioso-ambivalente. Y por último, el apego evitativo lo establecen aquellas personas que han aprendido que no pueden contar con sus figuras de apego. No los quieren, ni valoran, ni tienen capacidad para ayudarlos. Han aprendido a no expresar ni entender las emociones de los demás y a evitar el contacto emocional que siempre les fue frustrante.

 

EL VÍNCULO ENTRE DOS ADULTOS DEBE SER SIMÉTRICO. CADA PERSONA EJERCE DE FIGURA DE APEGO PARA LA OTRA DE LA MISMA MANERA QUE RECIBE LOS CUIDADOS DE ÉSTA.


 

¿Qué ocurre cuando estas niñas y niños se convierten en adultos? 

El apego tiende a mantenerse estable a lo largo de toda la vida. Combinado con nuestras experiencias en las relaciones de amistad y amorosas, contribuye a establecer nuestro apego en la edad adulta.

Las personas con un estilo de apego seguro están más capacitadas para organizar bien su vida emocional, afectiva y social con o sin pareja estable. Son Naranjas Enteras, dispuestas a rodar por la vida con otras personas, a intimar y comprometerse con ellas de manera firme y estable en una relación de pareja, pero tienen también mayor capacidad para vivir sin pareja y mayor capacidad para estar solas.

A aquellas con un apego ambivalente les resulta más difícil construir su autonomía. Son personas inseguras que dudan de su valía y es más probable que sufran de ansiedad. Tienden a verse como Medias Naranjas que inexorablemente necesitan ser completadas. Una vez establecida la relación de pareja, presentan cambios emocionales, contradicciones o ambivalencias. Es frecuente que les asalten miedos y dudas con respecto al otro o a la relación. Necesitan aprobación y confirmaciones continuas, así como comunicaciones frecuentes.

Los adultos con estilo evitativo presentan miedo a la intimidad. Piensan que las relaciones íntimas dan problemas, por lo más inteligente es evitarlas. Suelen insistir en las ventajas de no estar emparejado. Si llegan a establecer una relación, tienden evitar que en ella haya fuertes emociones positivas o negativas. La contención, el control y  hasta la frialdad emocional es su forma de evitar la intimidad.

A pesar de las similitudes entre el apego en la infancia y la edad adulta,  hay una diferencia importante: El vínculo entre dos adultos debe ser simétrico. Cada persona ejerce de figura de apego para la otra de la misma manera que recibe los cuidados de la otra. Y es en ese juego de estilos donde está la clave,

 

Fuentes: López, F. “Amores y desamores. Procesos de vinculación y desvinculación sexuales y afectivos”. Biblioteca Nueva, 2009.

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