Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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LAMENTACIONES DE UN PREPUCIO

LAMENTACIONES DE UN PREPUCIO

Puede que no los veamos, pero existen miles de millones de prepucios vagando desamparados por el mundo. Son todos aquellos que fueron separados del glande que cubrían por razones higiénicas, clínicas o religiosas. En el caso del protagonista de nuestro post, se trató de la última de ellas.

Lamentaciones de un Prepucio (Blackie Books, 2010) es la historia de Shalom Auslander y su turbulenta relación con la religión y con Dios. Criado en una familia judía ortodoxa en Estados Unidos, desde muy pequeño no entiende por qué ese Señor cuya palabra debe obedecer y respetar, le castiga. Le prohíbe comer hamburguesas, beber alcohol, fumar marihuana o masturbarse.

¿Cómo creer algo que no ves? O lo que es peor ¿Cómo dejar de creer? En ese dilema vive el autor de este memoir que trata de encontrar pruebas que le lleven a un extremo o al otro. Porque en esto no hay grises.

Que Él vigila todos y cada uno de sus actos, pero también sus pensamientos, es una idea que siempre está presente en Shalom. Una situación que no deja de tener rasgos comunes con la paranoia, síndrome con el que Auslander juega a lo largo de todo el relato, con momentos delirantes que rezuman ironía en un diálogo directo con Dios que resulta muy divertido.

Pronto se da cuenta de que no hay escapatoria, y que no se trata de dejar de creer en Dios si no de cómo hacerlo. Y es que, aunque a estas alturas no está en su mano prescindir de sus creencias, sí puede rebelarse contra ellas.

Pecado Original

Evidentemente, a pesar de los supuestos avances con respecto a este tipo de represión en la sociedad católica en la que vivimos, esta secta no se libra de sus propias estrategias para oprimir las mentes y sexualidades de sus feligreses. Relaciones fuera del matrimonio, ciertas prácticas sexuales, la promiscuidad, la infidelidad, la indecencia (no sabemos lo que significa pero es muy mencionada) son pecados que nos llevarán a sufrir un castigo post mortem. La diferencia es que la Iglesia lo soluciona con unos cuantos padrenuestros y unas confesiones a tiempo. A pesar de ello, la Culpa, de una manera muy sutil, sigue guiando más pasos de los que somos conscientes en nuestra senda por la vida, tal y como un cura lo llamaría.

Una culpa acompañada del miedo a las consecuencias. Tras muchos intentos de seguir por el camino marcado —tomándose muchas licencias—, Auslander abandona la doctrina para llevar una vida laica. Sin embargo, el pavor a la ira de un Dios todopoderoso persiste. No es fácil dejar a un lado una idea que te han repetido una y mil veces desde la cuna. Tampoco lo es ir en contra de tu familia para hacer lo que crees que es justo; para vivir la vida que deseas.

Cielo o Infierno, elige dónde quieres ir

Nos bautizan cuando somos unos bebes, no hay opción a que decidamos. Aquello parece inofensivo, pero no lo es. Contribuimos a perpetuar dogmas con los que no estamos de acuerdo. Vivimos conformes a muchos de sus dictados, no siendo del todo conscientes de ello. En los momentos de flaqueza, de verdadero temor por perder a un ser querido o de padecer una desgracia, suplicamos a Dios. Aunque el resto del tiempo le neguemos, es en esos instantes cuando la realidad sale a la superficie y muestra su verdadera cara.

El bien y el mal dictados desde una fábula milenaria, que sin duda guía nuestros actos más banales y nos inculca la necesidad de sentir vergüenza por aquellos que nos procuren placer. El bondadoso padece, el pecador disfruta. Si no quieres que te expulsen del paraíso “ya sabes lo que tienes que hacer”.

El Rol del Espectador

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