Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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El día que David Bowie salió del armario

El día que David Bowie salió del armario

Una foto de Bowie donde parecía grácil y elegante adornaba la portada de la edición del 22 de enero de 1972 de Melody Maker, con un subtitulo que lo describía como "la figura más loca del rock: un amante confeso de la ropa afeminada". En el interior, la entrevista contenía otra foto y el título 'Oh You Pretty Thing'. El párrafo introductorio de Michael Watts fue escrito como una parodia de lujuria homosexual: 

 

"A pesar de que no llevaba un batín de seda de Liberty, y su largo cabello rubio ya no caía más allá de sus hombros, David Bowie lucía delicioso.

Iba en un elegante y estampado traje de combate, muy apretado alrededor de las piernas, con la camisa desabrochada para revelar buena parte de su torso pálido. Los pantalones remangados para permitir que se vieran mejor un par de botas de plástico rojo con al menos tres pulgadas de suela de goma. Y el pelo peinado en una forma tan impecable que uno sostenía el aliento por si la ligera brisa de la ventana abierta se atrevía a despeinar. Ojalá pudieran haber estado allí para 'vardar-le'; estaba tan estupendo."

 
melodymaker_davidbowie

Nunca se había visto un tono de honesta admiración de un hombre hacia otro en las páginas de los serios pero muy heteronormativos artículos de música, en los que los críticos se centraban en temas musicales o sociales más que en la apariencia física o el estilo.

Que Watts usara palabras como 'varda' constituyó un toque delicioso: varda provenía del idioma palare (a veces escrito 'polari' y de otras maneras), una jerga popular entre los hombres gays en una época en que los actos homosexuales eran ilegales y hablar en código era una necesidad. Comenzó a usarse entre a las compañías teatrales itinerantes del siglo XIX y fue utilizado por criminales, prostitutas y gente del mundo del espectáculo, así como hombres gays. Palare habría sido incomprensible para la mayoría de los lectores. "La imagen actual de David se convertirá en una reina traviesa, un muchacho magníficamente afeminado" -observó Watts, dando a entender que se trataba de una postura que probablemente sería abandonada tan abruptamente como se había adoptado. Luego vino la cita que resonó alrededor del mundo y al instante prendió la carrera de Bowie:

"Soy gay. Y siempre lo he sido, incluso cuando era David Jones."

El efecto en la carrera de Bowie no vino tanto por esta impactante declaración, sino por las imágenes que la ilustraron. Es difícil reconstruir la tristeza, el agotamiento visual de Gran Bretaña en 1972, que se filtró en las páginas musicales para formar el telón gris y sucio del esplendor físico y sartorial de Bowie. Incluso en blanco y negro, la elegancia de las imágenes saltaba de las páginas, rodeadas como estaban - en esa edición en particular de Melody Maker- por el fornido y barbudo Cat Stevens, el ex cantante de Spooky Tooth Gary Wright y su nueva banda Wonderwheel, y la fealdad sorprendente de un anuncio a toda página de Grunt, el sello discográfico de Jefferson Airplane. "Era una figura fantástica y glamurosa. Recuerdo haberme deslumbrado cuando lo conocí", cuenta Watts. "Era como estar con Marilyn Monroe. No había nadie más así. Fue una ruptura con ese pasado de los sesenta."

En la portada de Melody Maker, el retrato de Barrie Wentzell mostraba al nuevo Bowie con un delicado brazalete y una chaqueta estampada con la cremallera abierta y el torso desnudo y sin bello. En el interior, un primer plano del rostro del cantante, acurrucado delicadamente en una mano, en el que sus cándidos ojos miran hacia un lado como si evitase recatadamente la mirada del espectador.

El encuadre fue estudiadamente anti masculino, casi como si hubiese sido ideado tras la lectura del libro de John Berger "Ways of Seeing" (publicado ese mismo año), en la que el crítico sugiere que a juzgar por la historia del arte occidental, "los hombres actúan y las mujeres aparecen ... los hombres miran a las mujeres; las mujeres se miran a sí mismas siendo observadas... El topógrafo de la mujer en sí misma es un hombre ... Así, ella se convierte en un objeto -y sobre todo un objeto de visión: un espectáculo". El artículo de Watts también inició el debate animando a los lectores (en su mayoría varones) a mirar a otro hombre como un objeto estético, un regalo para los ojos.

"Fue Melody Maker quien me hizo ... esa pieza de Mick Watts", recordó Bowie a mediados de 1973. "Todo explotó". Sin embargo, lo curioso de la afirmación es que la cita fue seguida inmediatamente por un toque de duda. "Hay una astuta alegría en cómo lo dice, una sonrisa secreta en las comisuras de la boca" observó Watts. La idea de que todo era un juego quedó clara desde el principio. "Yo era un poco escéptico", dice Watts hoy. "Ciertamente era bisexual, en la medida en que se puede deconstruir lo que es la bisexualidad. Pero creo que es ineludible que la mayoría de los encuentros sexuales de Bowie han sido mucho más heterosexuales que homosexuales. Lo entrevisté muy a menudo después de eso, y él siempre estaba muy interesado en aclarar que él no iba a hondear la bandera por los derechos de los gays (Gay Lib Movement). Y Gay Lib se enfadó con él porque no se iba a posicionar con ellos y hacer proselitismo por la homosexualidad. Ahora, ¿cómo interpretas eso? Puede haber sido una forma de autoprotección comercial, o podría ser su verdadera creencia."

Mientras algunos gays consideraban a Bowie un turista, otros lo vieron como un pionero de la cultura pop, haciendo que fuera más fácil para otros salir del armario. El crítico americano gay Andrew Kopkind, por ejemplo, aclamó a Bowie en una pieza de octubre de 1972 para el Boston Phoenix como "una auténtica superestrella gay, auténticamente una superestrella y auténticamente gay al mismo tiempo - por primera vez en nuestra cultura desde Oscar Wilde." Hizo hincapié en el "lirismo" de sus movimientos escénicos y en la forma en que él y Mick Ronson "intercambian miradas eróticas, gestos y pasos de danza hasta ahora aceptables entre el hombre y la mujer en una banda". Durante los años siguientes, Bowie osciló salvajemente, sosteniendo un miasma de indefinibilidad sexual que le permitió ser todas las cosas para todas las personas. En tan solo un año, 1976, le dijo a un periodista británico que su declarada bisexualidad "era sólo una mentira ... Nunca he realizado un acto bisexual en mi vida, en un escenario, en un disco, o en cualquier otro lugar"; sino que volvió a contar su historia homosexual a Playboy, que comenzó con "un chico muy guapo en la clase en alguna escuela u otra que me llevé a casa y me lo follé en mi cama" y continuó intermitentemente.

Cherry Vanilla, que lo conocía íntimamente así como profesionalmente, dice: "Se puede decir cuándo los hombres realmente aman a las mujeres o realmente no aman a las mujeres, y en lo que a mí respecta, él realmente amaba a las mujeres ... Lo consideraría heterosexual , pero tonteó y experimentó un poco. Su amigo Tony Zanetta creía que Bowie era bisexual, pero lo que realmente era un narcisista, chicos o chicas, era lo mismo. Se sentía atraído por la cultura gay porque le encantaba su extravagancia.


Traducción del artículo original de LONGREADS.

Foto de Portada de Terry O'Neill. Image © Victoria and Albert Museum utilizada para la promoción del disco 'Diamond Dogs', 1974. 

 

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