Sexo en Stèreo-Inma Buendia y Estela Buendia

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Sigo siendo yo

Sigo siendo yo

"Sigo siendo yo" es el lema que la CEAFA ha elegido para conmemorar el Día Mundial del Alzheimer 2017. El objetivo es dar un paso adelante en el tratamiento de la enfermedad en su fase inicial y poner el foco en las personas diagnosticadas. Es decir, empoderar a los pacientes, a quienes debemos tener en cuenta a la hora de llevar a cabo acciones específicas para su tratamiento.

El 21 de septiembre, la Confederación Española de Asociaciones de Familiares de Personas con Alzheimer y otras Demencias (CEAFA), las Federaciones y Asociaciones miembros, y las 200.000 familias a las que representan, celebran el Día Mundial Del Alzheimer, una fecha que fue constituida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y auspiciada por Alzheimer's Disease Internacional (ADI) en 1994.

 

El primer caso se detectó en 1901 en Frankfurt, Alemania. Tras la muerte de August Deter, en 1906, el Dr. Alois Alzheimer anotó los síntomas de su enfermedad y llevó a cabo investigaciones que permitieron localizar la enfermedad por la multiplicación de “placas” en algunas zonas del cerebro y por la presencia notable de una sustancia peculiar en el córtex cerebral.

 

El Alzheimer afecta a más de 4,5 millones de personas en España, entre quienes la padecen directamente y sus familiares y cuidadores. El 87% de los gastos de la enfermedad son cubiertos actualmente por los familiares. Quienes, en muchos casos, apenas pueden pagar un centro especializado privado cuyo coste oscila entre 1.800 y 2.400 al mes, o lo que es lo mismo, unos 31.000 euros anuales con gastos incluidos. El resto (13%) es lo que cubre el Estado y otras instituciones, con lo que la mayor carga de la enfermedad recae en los cuidados informales y sus familiares. La asistencia integral necesaria pasa por la detección precoz de la enfermedad desde la atención primaria, junto con los servicios sociales en una tarea coordinada. La sintomatología puede iniciarse con pérdidas sutiles de memoria, síntomas de depresión mayor, confusión o suspicacia inusual sobre pérdidas de cosas, no encontrar la palabra, etc. Estos síntomas pueden ralentizarse con actividades de potenciación de estímulos para evitar el deterioro rápido cognitivo, proponiendo políticas de envejecimiento activo con actividades físicas y de estimulación cognitiva que contribuyan a desacelerar el proceso y dar mayor calidad de vida a los usuarios.

A pesar de que la sociedad aún no se ha educado para tratar estos casos y carecemos del conocimiento en lo relativo a cómo tratar la enfermedad y cómo evitar que avance, lo cierto es que esta patología no es en absoluto nueva. El primer caso se detectó en 1901 en Frankfurt, Alemania. La paciente era August Deter, de 51 años, a quien atendió un psiquiatra con experiencia en estudios histológicos, la disciplina que se encarga de los tejidos orgánicos. Alois Alzheimer reconstruyó la historia de la paciente: sin antecedentes familiares de alcoholismo o trastornos mentales, sin posibilidad de infección sifilítica, sin enfermedades graves anteriores. De hecho, Auguste era hasta comienzos de 1901 una mujer normal. De repente, comenzó a delirar, imaginó que su marido la engañaba con una vecina, rompía cosas, cometía errores al cocinar, sufría episodios de terror imaginando que fallecía...

Para Alois era clave conocer la evolución de la enfermedad. Así que, a pesar de que tuvo que dejar Frankfurt por motivos profesionales, siguió la evolución de la paciente y anotó cada uno de los cambios en su comportamiento y su estado de salud. Cuando Deter murió en 1906, después de casi un año de apagamiento progresivo, Alzheimer pidió que le fueran enviados a Múnich todos los registros médicos y el cerebro de la fallecida. Seis meses después, en una conferencia de psiquiatras celebrada en Tübingen, ofreció una charla en la que, aunque Alzheimer no dio una definición concreta del trastorno que hoy lleva su nombre, sí ofreció, a través del caso de Auguste Deter, un completo catálogo de los síntomas de una enfermedad neurodegenerativa que afecta sobre todo a las personas mayores de 65 años.

 

El Alzheimer afecta a más de 4,5 millones de personas en España, entre quienes la padecen directamente y sus familiares cuidadores. El 87% de los gastos de la enfermedad son cubiertos por las familias y muchos apenas pueden pagar un centro especializado privado, cuyo coste oscila entre 1.800 y 2.400 al mes.

 

El minucioso historial clínico elaborado por Alzheimer estuvo perdido hasta 1995. Los doctores Konrad Maurer, Stephan Volk y Hector Gerbaldo lo hallaron, tras dos años de búsqueda, en uno de los sótanos del centro en el que el psiquiatra había conocido a Auguste Deter. Nadie había visto esos registros desde 1909, pero la prehistoria de la enfermedad de Alzheimer acababa de salir a la luz.

En aquella raída carpeta azul estaba el material que animó a Emil Kraepelin, mentor de Alzheimer, a darle a la enfermedad el nombre de su discípulo en 1909, con motivo de la octava edición de su Manual de Psiquiatría. Y es que el doctor que trató por primera vez a Deter no se limitó a anotar los síntomas de su enfermedad, sino que también llevó a cabo, sobre el cerebro de la paciente, las investigaciones que permitieron localizar la enfermedad por la multiplicación de “placas” en algunas zonas del cerebro y por la presencia notable de una sustancia peculiar en el córtex cerebral. Esos dos elementos, conocidos hoy como placas seniles y proteína beta-amiloide, siguen siendo las dos dianas fundamentales de la Ciencia para frenar la enfermedad que destruye nuestra memoria.

 

Las alteraciones afectivas del alzheimer

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Himen

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